OTROS CLASICOS

Un espacio para aquellos films poco recordados del período clásico y neoclásico

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Location: Capital Federal, Argentina

Wednesday, July 09, 2008

VIDEODROME (1983)

Una de las características culturales de la época de Ronald Reagan fue la creciente alienación televisiva a la que se sometió al pueblo norteamericano. No es casual que muchas películas fantásticas de la década de 1980 reflejaran esta problemática en los temas de sus argumentos. En la búsqueda, encontramos algunos casos logrados en la saga de A Nightmare On Elm Street (1984) de Wes Craven o They Live (1988) de John Carpenter. Otro de los grandes maestros que también se dedicó a reflejar esta cuestión fue el canadiense David Cronemberg.

El cine de este autor se caracteriza por mostrar la sexualidad de manera sádica y fetichista pero sobre todo por el clima perturbador que convierte cualquier historia en retorcida. Cronemberg podría ser un David Lynch más convencional en lo narrativo aunque tremendo en la violencia de su oscuridad. Igualmente la idea no es hacer un escrito comparativo entre artistas sino abordar esta cruzada llamada Videocirco.

James Woods maneja una señal de televisión llamada TV Cívica (nombre irónico), la cual se caracteriza por tener una programación de porno y violencia. Pero Woods siente que tiene que transgredir ciertos límites y ofrecer a sus espectadores shows más realistas, por lo que compra una extraña emisión a un satélite pirata. La grabación encontrada se llama Videodrome y consta en la filmación de torturas violentas y masoquistas que van de prisioneros políticos a personas comunes. La intriga mayor surge cuando el protagonista se adentra en el oscuro mundo de aquellos que manejan Videodrome intentando descifrar si lo que se ve en los videos es realidad o ficción. Woods busca calmar a un televidente insaciable que demanda hasta el extremo, al punto tal de querer protagonizar estas cintas snuff. En una escena de factura magistral observamos como la pantalla se devora literalmente al espectador atrayéndolo con su canto de sirena. Mientras que en otra secuencia casi profética, el realizador nos muestra a cientos de vagabundos con sus retinas clavadas en las pantallas en un lugar muy parecido a lo que en la actualidad conocemos como los ciber.

Este film podría ser una antesala de lo que Cronemberg haría veinte años después en Exitenz (1999) dónde traslada esta inquietud sobre la pérdida de la noción de la realidad al universo de los videojuegos. Si en Existenz el arma es el joystick o gamepad en 1983 el disparador es el videocasete, que se enquista en el cuerpo de manera viceral para convertir al hombre en un autómata comandado por las grandes corporaciones (como siempre invisibles). Con la inclusión de este elemento no orgánico dentro del cuerpo se produce una recurrencia en el cine de este autor: la metamorfosis. Una transformación en la que el ser humano pierde su condición corporal para volverse una entidad degradada, generalmente un insecto.

Entre los puntos álgidos a destacar de esta cinta tenemos que hablar de la presencia sensual de Debbie Harry (cantante del grupo new wave Blondie) y la referencia de metalenguaje que hace aparecer a todos los personajes en la pantalla dentro de otra pantalla, la del televisor.

En esta pieza el paso del tiempo no se ve como algo negativo sino por el contrario como una reivindicación que otorga vigencia. Finalmente el realizador se hace presente a través de un comentario narrativo que reza “Viva la nueva carne, muerte a la vieja carne”, como si nos quisiera decir “Viva la joven guardia del cine”.

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